En el marco de la conmemoración del Día Mundial del Agua, dirigentes vecinales de Arica realizaron una visita a la Planta de Lluta, instancia que tuvo como objetivo acercar a la comunidad al proceso de producción de agua potable y destacar el valor estratégico de esta infraestructura para la región.
Durante la jornada, los asistentes recorrieron las instalaciones y conocieron en detalle el proceso de potabilización del agua, basado en tecnología de ósmosis inversa aplicada a agua salobre, sistema que permite transformar el recurso en agua apta para el consumo humano.
Participaron en la actividad representantes de las Juntas de Vecinos N°50 San Marcos; Sol Naciente; Manuel Bulnes, Prosperidad 2000, Lautaro Condell, Los Jardines, Centenario, N°37 Miramar, junto con el Centro General de Padres y Apoderados Escuela América y Organización Alto Las Vicuña. En representación de los asistentes el presidente Eduardo Reyes, de la JJVV Lautaro Condell, destacó la actividad e instó a sus pares a sumarse a los recorridos guiados y conocer más del proceso de producción de agua.
La Planta de Lluta inició sus operaciones en 1998 y constituye un hito para la industria sanitaria, al ser la primera planta de ósmosis inversa de agua salobre construida en Sudamérica, marcando un avance significativo en soluciones para territorios con condiciones hídricas complejas como el norte del país.
La visita fue guiada por Orlando Vargas Garrido, Jefe del Departamento de Producción, quien destacó la relevancia de compartir estos espacios de encuentro con la comunidad.
“Es muy importante compartir información sobre el trabajo que realizamos diariamente, porque gracias a estos procesos es posible que las personas cuenten con agua potable en sus hogares. Más aún en una zona con escasez hídrica como Arica, donde el consumo responsable del agua debe ser una prioridad para todos”, señaló.
En el contexto del Día Mundial del Agua, la iniciativa también buscó generar conciencia sobre el uso eficiente y responsable del recurso, invitando a la ciudadanía a valorar el agua como un bien esencial y limitado, especialmente en regiones donde su disponibilidad enfrenta desafíos permanentes.



